Esta misma tarde, hablando con Max y con Val les dije que haría una nueva entrada en “el Pozcas”, en el cual llevo tiempo sin intervenir. El caso es que, de nuevo, he llegado a casa y lo último que me apetecía era ponerme a escribir. Algo que ya se hace típico; incluso las pequeñas historias que estaba escribiendo han tenido que quedar aparcadas en espera de alguna buena idea que las haga avanzar. Vivir en una ciudad donde nunca pasa nada no es que ayude demasiado.
Ayer hablaba con una amiga por MSN y, mientras la escuchaba, me vinieron bastantes recuerdos a la mente. Este último año he pasado por tantas cosas que no sabría si asustarme o sentirme agradecido. Es irónico que luego me queje de lo rutinaria que resulta mi vida… aunque eso se acabará cuando vuelva a Madrid.
La vida de una persona puede cambiar completamente en tan solo un mes, que decir de estos últimos 4 años… he tenido muchas ocasiones para darme cuenta de que cuando más cambias es cuando cometes errores. La verdad es que no lo veo cruel en absoluto; es de agradecer porque luego no los repites, tal como dije días atrás.
Un ejemplo claro: no me gusta nada compararme con otra gente; compadezco a quien tenga tal necesidad. En lugar de eso prefiero aprender de la gente, aunque a veces el ver mi vida y la de esa persona cercana con el mismo prisma comparativo es inevitable.
En mi estancia en Madrid me vi obligado a convivir con una de las personas más lamentables con las que me he cruzado hasta ahora. Un conjunto terrible de tópicos mezclados con una inmadures, falta de sentido común y amor propio tan grande que se me antojaba improbable que en su mente cupiera nada más. Al mismo tiempo tenía cerca a otra persona muy querida por mi con la cual difería y estaba en completa sintonía al 50%.
Es curioso como el olor a podrido tiende a tapar el más delicioso de los perfumes…
Ya puestos a compararse con alguien, dentro de lo malo, más penoso es el hacerlo con alguien claramente inferior a ti en casi todos los sentidos. La felicidad de los perdedores reside en tal característica a fin de cuentas. Sin embargo agradezco el haberlo echo, aunque haya sido más por convivencia que por ganas por mi parte.
Veo que en cuatro años he pasado de estar casi solo a ser respetado por mucha gente. Me doy cuenta de que he vivido tal cantidad de momentos únicos que la mayoría nunca conocerá. He luchado mil batallas contra mi mismo; el deseo de mejorar y no ser esclavo de lo que siento.
He aprendido de cientos de errores que me han revelado lo equivocado que estaba conmigo mismo. Desde hace 4 años he deseado volver con mi segunda Ex, escapar de Lugo, vengarme de gente, tener novia (casi obsesionado), ganar fama y admiración por parte de la gente más cercana. Vamos, una serie de estupideces digna de llevar al cine en forma de drama yankee.
De hace un año para acá sé que hay cosas que nunca volverán a repetirse; eso es lo que las hace tan especiales. Sé que no puedes adelantar acontecimientos y has de ser paciente para el futuro. Sé que la mejor manera de destruir a alguien es hacerle ver lo poco que representas para él. Sé que el amor no puedes ni buscarlo ni esperar que venga; si buscas no encuentras y si esperas no llega; el amor siempre me ha llegado cuando menos lo buscaba, al igual que la fama y la admiración. Esto último se consigue con el tiempo y sabiendo bien quien eres; teniendo una personalidad propia con la que no necesites actuar o ceñirte a un papel. Yo marco esa diferencia siendo ese Yagamy que inspira confianza y que siempre está ahí; fuerte para la vida y capaz de ayudar cuando haga falta a aquellos que merecen la pena.
Y esto se alcanza cumpliendo todo lo anterior, pero principalmente tropezando una y mil veces.
A veces sienta bien ser amable con uno mismo y recordar cuanta gente depende de ti a diario, la modestia termina por pasar factura y el orgullo es innecesario; la gente ve perfectamente quién eres y cual es tu posición.
He deseado muchas cosas, pero ahora estoy en mi mejor momento. Libre e imparable, y construyendo el futuro que siempre quise.

Y tu gente, tus iguales, siempre están ahí y nunca se van. No necesito nada más…